27 de abril de 2015

Consumo Desprotegido

Hoy voy a contarles el derrotero de llamados, mails y esquivadas por el que vengo pasando desde el 5 de abril, cuando decidí probar el tan anunciado programa Consumo Protegido.

Antes que nada, ingresar el reclamo en la página www.consumoprotegido.gob.ar llevó más de una hora. La web cargaba muy lento o directamente estaba caída. Una vez ingresado el reclamo, con lujo de detalles y el relato de los hechos, el sistema me otorgó un número de gestión que, en teoría, me iba a servir para ver cómo iba avanzando mi caso.

Unos días después de ingresado mi reclamo intenté ver cómo venía la mano. Cada acción, cada click apuntaba a un proceso que la página tomaba de 15 a 20 minutos en cargar. Al cabo de un rato, veo que mi reclamo figura como VALIDADO. Un par de días después, como CONFIRMADO.
Buenísimo, pensé, mi reclamo fue tomado como una queja válida y ya estoy lista para enfrentarme a los forros que no me quisieron arreglar mi celular defectuoso a pesar de que estaba en garantía.

La página me deja elegir un turno para la famosa audiencia de conciliación. Puedo elegir BARRIO, así como la FECHA y HORA que mejor se ajuste a mis necesidades. De lo que estaba disponible, marco lunes 27 de abril, 17.30 horas, en Palermo.
Sólo quedaba esperar que me confirmaran el nombre de mi conciliador asignado y, obviamente, en qué lugar del bonito barrio de Palermo se iba a llevar a cabo este careo.

Se acerca la fecha del 27 de abril y aún no sé dónde me tengo que juntar con el conciliador y la empresa. Llamo al 0-800 de Consumo Protegido para preguntar dónde será la bendita audiencia: un día, al día siguiente, empiezo a llamar todos los días. Y las excusas de por qué aún no sé dónde me reúno son:

-“El sistema no me deja ver qué pasa con su reclamo”
-“El sistema está colapsado”
-“No previmos que iba a haber tantos reclamos”
-“Sólo somos un call center
-“Los conciliadores se sortean su reclamo y después le avisan”
-“No sabemos si la empresa demandada recibió la notificación”
-“Creo que faltan datos en su reclamo pero no sabemos cuáles”
-“¿Cómo era su nombre de usuario?”
-“No se preocupe que yo lo dejo asentado en prioridad”
-“No se preocupe que yo la llamo”
-“No se preocupe que le mando un mail desde mi cuenta personal”
-“No se preocupe que el sistema lo va a actualizar solo”


Hoy, 27 de abril, vuelvo a llamar al 0-800 para pedirles por favor que corten con tanto misterio y que me avisen a dónde se iba a realizar la audiencia.

La chica del 0-800 me da el número de teléfono de “un supervisor” que, supuestamente, me puede decir qué está pasando. Llamo a ese número. Me atiende un tal Gabriel. Me pide que aguarde. De fondo se escucha “Naaaah, que llame al conmutador”.  Gabriel me da otro número para llamar. Llamo. Un muchacho me dice: “Mirá, me parece que te cargaron, esto es el área de LÁCTEOS”, me da un teléfono que asegura que es el conmutador, que llame ahí y pida con Arbitraje de Consumo.

Llamo.
Una señora me dice: “Antes de que te enojes, dejame decirte que esto no es arbitraje de consumo, esto es FÚTBOL PARA TODOS”.
Me da otro teléfono.

Llamo.
Ahí me dice, finalmente una tal Carolina: “Mirá, lo más probable es que hoy no tengas tu audiencia. Por alguna razón, tu conciliador no confirmó si puede ir. Vamos a esperar a que se excuse. Aunque en verdad no puede excusarse de ir, tiene que ir. Pero bueno...  Dame tu mail, dame tu teléfono, dame un celular por si no estás cuando te llamo. Seguramente tengas que pedir otro turno.”

¿Cómo hago para pedir otro turno?

“Mmm, dejame que hable con los chicos de sistemas para que te habiliten especialmente a elegir otro turno en la web. A ver... no, no se puede hacer nada desde acá, te va a llegar un mail, no sé decirte cuándo, pero en las próximas semanas te va a llegar un mail para que puedas elegir otro turno”


La conciliación de hoy no va a suceder. No saben por qué. El sistema, el conciliador, la cantidad de gente enojada, los de lácteos, el call center, el sorteo... yo, mientras tanto, sigo con un celular que no funciona.


Defensa al consumidor, Consumo Protegido, todos haciéndole el juego a las empresas que viven de cagarnos.